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La huella belga de Le Corbusier

Por Redacción

Desde hace unas pocas semanas, y al igual que la Casa Curutchet, la Maison Guiette de la ciudad de Amberes (Bélgica), una de las obras menos conocidas del arquitecto suizo francés, forma parte del Patrimonio de la Humanidad

Arquitecto, urbanista, pintor, escultor, hombre de letras y decorador de interiores, Le Corbusier convirtió Francia en el principal escenario de sus creaciones y, sin embargo, el creador nacido en Suiza solo diseñó dos edificios en la cercana Bélgica.

El Pabellón Philips en Bruselas, destinado a la Exposición Universal de 1958, fue demolido al concluir la muestra y la Maison Guiette de Amberes, a unos 30 kilómetros al norte de la capital belga, había permanecido en el semiolvido, eclipsada por otras obras del artista como la Ville Savoye, a las afueras de París, o la iglesia Notre Dame du Haut, en Ronchamp (Francia).

La Maison Guiette, desde el pasado 17 de julio, forma parte ya de los diecisiete edificios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en representación de la obra de Le Corbusier y su “debido a su extraordinaria contribución al movimiento moderno”.

La Maison Guiette se convirtió en el primer trabajo de Le Corbusier en el extranjero, fuera de Suiza, su país natal, y Francia, el país que le dio la nacionalidad en 1930

UN VIAJE A PARÍS

Transcurría el año 1926 cuando el pintor flamenco René Guiette, que había visitado un año antes en la Exposición de Artes Decorativas de París el Pabellón del Espíritu Nuevo, diseñado por Le Corbusier, contactó con el arquitecto para que construyera su residencia-taller en la ciudad de Amberes.

La intención del artista era que la vivienda ayudara a convertir el nuevo barrio de la ciudad flamenca, creado para la Exposición Universal de 1930, en un manifiesto de la arquitectura moderna.

“Le Corbusier diseñó la casa como un ejemplo de sus cinco puntos (elevación sobre pilotes, planta y fachada libres, las ventanas horizontales y la terraza jardín) a partir de las necesidades de Guiette”, explicó la profesora de la Universidad de Amberes especializada en arquitectura del paisaje, Marieke Jaenen, sobre el primer trabajo de Le Corbusier fuera de Francia y Suiza.

Pese al intento por plasmar de forma precoz su teoría, la construcción de la vivienda, a cargo del arquitecto local Paul Smekens, obligó a modificar el diseño.

Durante las obras se sustituyó la estructura inicialmente propuesta por un sistema híbrido que combinaba hormigón armado para columnas, vigas y balcones, un revestimiento de ladrillo tradicional para la fachada y un conglomerado de cemento para las paredes interiores.

También se eliminaron los pilotes para permitir el acceso directo al jardín desde la planta baja.

Aunque la mayoría de cambios se debieron al presupuesto ajustado de Guiette, también surgieron otros motivos.

“El reglamento de urbanismo imponía un material más clásico que el revestimiento de cemento para el exterior propuesto por Le Corbusier”, declaró Piet Geleyns, miembro de la Agencia Flamenca del Patrimonio, encargado de supervisar el proceso de inscripción de la Maison Guiette en la lista de la UNESCO.

En 1927 finalizó la construcción de la casa conformada en líneas rectas y con un aspecto estrecho y alargado, similar a una caja.

La vivienda fue un encargo realizado a Charles-Édouard Jeanneret-Gris, verdadero nombre del artista, por el pintor flamenco René Guiette

UNA CONSTRUCCIÓN SIN IMPACTO

La obra concluyó, pero la casa no lograría la influencia que de ella se esperaba en el urbanismo de Amberes, ciudad portuaria y muy conocida por su especialización en el tallado de diamantes.

“La Maison Guiette no tuvo un gran impacto en el diseño de las viviendas de Amberes, pues era bastante cara y no todos los propietarios querían una casa semejante”, precisó Jaenen.

Tras el fallecimiento de Guiette en 1976, la vivienda estuvo a punto de ser derribada para construir carreteras en sus alrededores, pero su inscripción como Monumento Histórico, dos años después, permitió conservarla.

Los proyectos para habilitar un museo sobre Le Corbusier y Guiette no salieron adelante y finalmente, en 1987, se convirtió en propiedad privada, ocupada por otra personalidad célebre: la diseñadora de moda belga Ann Demeulemeester.

El arquitecto George Baines dirigió la restauración durante un año, hasta 1988, y construyó una extensión con oficinas y talleres.

Tras el fallecimiento de este maestro renovador de la arquitectura la casa estuvo a punto de ser derribada para construir una carretera en los alrededores

LARGO CAMINO HACIA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Pese a su agitada historia, la Maison Guiette mantenía su relativo anonimato, pero cuando en 2002 Francia planteó por primera vez a la UNESCO una candidatura conjunta sobre Le Corbusier, Bélgica decidió unirse al proyecto.

“En la convención del Patrimonio Mundial, todos los países con obras de Le Corbusier debían alcanzar un acuerdo y asociarse de forma activa, pero tras varios años quedó claro que en la iniciativa deseaban participar siete estados”, explicó Piet Geleyns.

Tras presentar en 2009 y 2011 dossiers rechazados por la UNESCO, este año la propuesta recibió el visto bueno definitivo.

“La candidatura en torno a la obra de Le Corbusier sirve también de precedente y resulta fácil imaginar otras propuestas similares sobre arquitectos como van der Rohe o Lloyd Wright”, comentó Geleyns.

Reconocida ya por la UNESCO y habitada ahora por el hijo de Ann Demeulemeester, la vivienda, en relativo buen estado, será sometida a importantes trabajos de mantenimiento. Son los cuidados que merece el Patrimonio de la Humanidad.

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